Las ventanas y puertas aparecían completamente cerradas. No se veía ninguna luz pero estaba seguro que eran muchos los ojos que les espiaban. Pero ninguno de aquellos que acechaban en sus hogares tendría valor para dejarse ver. Siempre sucedía así, un Cazador de Brujas producía ese efecto. Tampoco ayudaba que a su alrededor hubiera conseguido reunir un grupo tan peligroso de guerreros. No le gustaba aquello, eran demasiados como para no hacer ruido, y solía preferir realizar su labor en silencio, pasando desapercibido. Por eso lo normal era que fuera acompañado de su gente, tres o cuatro guerreros bien escogidos.
Pero esta vez necesitaba mucho más. Según la información que había conseguido reunir la secta que esta noche iban a destruir contaba con un buen número de seguidores, y las líderes eran unas blasfemas peligrosas, unas brujas de muy alto nivel. Sólo una vez en su vida se había topado con un hechicero corrupto de alto nivel, y había sido una de las experiencias más horrorosas de su vida. En aquella ocasión eran dos ejércitos los que se enfrentaban, él estaba rodeado de los fieles soldados del Imperio, decenas o incluso cientos de hombres. Apenas sobrevivieron un puñado.




